LA RAIZ DE UN HACKER.

26 07 2009


SOFTWARE LIBRE

LA EXPANSION Y BUSKUEDA DEL KONOCIMIENTO S UN DERECHO
K
TODO SER HUMANO SIEMPRE DEBIO TENER,,

Manifiesto Hacker escrito por (The Mentor) el 08 de Enero de 1986

Teorías de Marx reviven a 160 años del Manifiesto

El saber abstracto -dice Marx- como fuerza objetivada del conocimiento, deviene en principal fuerza productiva, desplazando al trabajo a una posición marginal en la creación de valor. El General Intellect, en este caso, surge, como señalan Negri y Lazzarato, “cuando el trabajo se transforma íntegramente en trabajo inmaterial y la fuerza de trabajo en intelectualidad de masa.[…] El actor fundamental del proceso social ha devenido ahora “el saber social general” (ya sea bajo la forma del trabajo científico general o bajo la forma de la puesta en relación de las actividades sociales: “cooperación”).

Independientemente de las consideraciones políticas y teóricas que surgen de inmediato, y que han dado pie a una discusión muy interesante y provechosa que se mantiene hasta nuestros días, hay en los Grundrisses un planteamiento muy poderoso que queremos destacar, sobre todo, en relación con nuestra reflexión en torno a la sociedad del conocimiento, el ciberespacio y la posibilidad de la conformación de una conciencia global de escala mundial.

El Ciberespacio como un cerebro global no es una idea nueva. Durante estos últimos años han existido varias líneas de investigación de carácter científico que asumen esa hipótesis para orientar importantes estudios. Asimismo, la idea de la existencia de un cerebro o una conciencia global a nivel social es un tema planteado mucho antes de la aparición del Ciberespacio o incluso del advenimiento de la mundialización capitalista. Por citar sólo a “clásicos”: Durkheim, en “La División del Trabajo Social” o Spencer en “La Sociedad es un organismo” llegan a tal conclusión. Por cierto, como señalábamos, Marx es otro de los clásicos que hacen un planteamiento en torno a esta temática. En los Grundrisses, nos encontramos con conceptos como “individuo social”, “saber social general” o “cerebro social” que Marx utiliza como sinónimo de “General Intellect”.

Una subjetividad colectiva es lo que Marx presenta como cerebro social o General Intellect en los Grundrisses. Subjetividad global que se forma a partir del propio desarrollo capitalista, a propósito de la incorporación de las máquinas al proceso productivo. Examinemos una cita de Marx que explica su formación: “Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio [deja de ser la medida] del valor de uso. El plus trabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza social, así como el no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales del intelecto humano. Con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio, y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de la necesidad apremiante y el antagonismo. Desarrollo libre de las individualidades, y por ende no reducción del tiempo de trabajo necesario con miras a poner plus trabajo, sino en general reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica, etc. de los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios creados para todos – el comunismo” (Marx, Grundrisses, p.228-229).

Así como las máquinas nos confieren proximidad, según McLuhan, así tambien nos confieren, paradojálmente, el tiempo libre necesario para desarrollar intelecto, antes ejercicio sólo disponible para los dueños del capital. Pero además, según Marx, la producción fundada en las máquinas nos aportan finalmente la disponibilidad de los medios ahora “creados para todos”, vale decir, permiten a la larga, la masificación de bienes y una mayor accesibilidad. Esto último, posibilitado por la caída del valor de cambio de las mercancías, que la propia producción capitalista se ha encargado de realizar.

La emergencia de esta “sociedad de la abundancia” puede ser puesta en duda, por cierto, desde muchos puntos de vista. De hecho, en el propio Manifiesto Comunista Marx plantea que “la extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje”.

Pero se trata sin duda de un alcance a la situación de un capitalismo claramente distinto al capitalismo actual. Nunca nos debemos olvidar de que Marx era finalmente un evolucionista, como muchos de los pensadores de su época, por lo que toda identificación de un fenómeno social, y en particular respecto del desarrollo capitalista, debe ser entendida en esa clave.

No obstante estos posibles y válidos cuestionamientos, existen dos fenómenos: la tecnología digital y la sociedad red (fenómenos concomitantes, más no causantes el uno del otro, como señala Manuel Castells), y un factor: el conocimiento, que combinados en la figura “sociedad del conocimiento” se presenta una situación que es necesario comentar.

Lo que caracteriza a la “sociedad del conocimiento” es precisamente el rol que ocupa el conocimiento en la producción. Vale decir, avanzamos a una sociedad donde el conocimiento se transforma en principal fuerza productiva, por la capacidad que tiene de expresarse en las máquinas y en toda tecnología destinada a la producción. A mayor conocimiento mejor rendimiento y mayor productividad.

Según esto, el conocimiento adquiere -o mejor dicho- mantiene -su alto valor de uso en esta etapa del capitalismo.

Y este conocimiento social, ocupado por el capital, ha permitido la disponibilidad masiva de equipos o dispositivos que permiten que el costo de adquisición, reproducción, transmisión y modificación de este importante factor productivo posea un valor marginal. La capacidad de digitalización del conocimiento permite su reproductibilidad prácticamente infinita. Y ocurre que, por su abundancia, a pesar de su alto valor de uso le corresponde un cada vez menor valor de cambio, lo que hace plausible, nada menos, que pueda funcionar sin la forma de la propiedad.

El ciberespacio, como ámbito privilegiado para la circulación libre de saber objetivado y digitalizado amplía aún más esta realidad. Y esto ha sido entendido por muchos, independientemente de su opinión política, su “relación con los medios de producción” o su matriz cultural.

El gesto “cooperativo” que surge y prima en el ciberespacio no sólo hace plausible la transmisión e intercambio libre de conocimiento, sino que lo proyecta como necesidad, resultado último, tal vez, de una humanidad impresionada por la posibilidad real de la extinción de la biosfera como consecuencia de la acción del propio ser humano, y/o de la comprensión de la unidad del mundo ahora visto desde un “otro lugar” distinto al propio planeta.

De esta forma, emerge un nuevo modo de producir conocimiento, al que podemos llamar el Modo de Producción Copyleft. Significa, dicho de la manera más simple: “algunos derechos reservados”. Vale decir, nosotros, como productores de un contenido particular, nos reservamos por ejemplo el derecho a ser reconocidos como autores, nos reservamos el derecho a que ese contenido no sea comercializado-comercializable, y a la vez, entregamos al dominio público el derecho de la utilización libre no lucrativa del mismo.

El modo de Producción Copyleft es la matriz socio-cultural que posibilita la formación del saber social general o General Intellect. El modelo se basa en la cooperación rizomática, la creación recombinante y acumulativa, el despliegue de la inteligencia colectiva, la supresión de la alienación que ocurre por la identificación del cognitario con el producto de su trabajo y el reconocimiento social.

Hoy, lo que ocurre en el ciberespacio, es que el “individuo social” despliega día a día millones de contenidos de arte y ciencia licenciados bajo la Licencia Pública General (GPL), las licencias Creative Commons y otras formas de hacking jurídico al copyrigth, formándose una masa de contenidos de conocimiento y cultura libres, fuera del mercado.

El dominio público se fortalece. En los momentos de libre despliegue de esta nueva formación social, logra imponer escenarios y definir pautas a grandes corporaciones y estados que deben hacer esfuerzos por entender las nuevas realidades, y tratar de imprimir estabilidad a sus mercados. Por poner sólo un ejemplo, el concepto Open Source ya se ha impuesto en el “mercado del software” modificando el modelo de negocios tradicional, lo que si bien puede observarse como la capacidad de adaptación del mercado a las nuevas realidades del mundo digital, también puede observarse como un retroceso del modelo de la propiedad intelectual fruto de la capacidad productiva del Copyleft.

No obstante lo anterior, todo esto se da en el marco de una guerra generalizada. El poder dominante hoy en día despliega todo su arsenal para detener el nuevo modo de producción: leyes, instituciones, lobbies, acuerdos secretos, criminalización, control monopólico, canon digital.

Teresa Malina, un autor colectivo creado al calor de la reflexión en las redes hacktivistas, señala: “El conflicto que ha destapado el éxito de la producción colaborativa del copyleft y la libre circulación de bienes inmateriales es el conflicto entre dos formas de construcción de la sociedad de la información: el modelo de la propiedad intelectual basado en la producción y gestión selectiva de una escasez artificialmente inducida y el modelo del copyleft basado en la libertad de circulación de saberes y técnicas que genera un procomún de recursos y contenidos a través de la recombinación y mejora acumulativa y distribuida de procesos digitalizados” […] el complejo de la propiedad intelectual ha reaccionado de forma directa y violenta contra la sociedad en los tres ámbitos necesarios para asegurar su hegemonía: 1) el control técnico del flujo de la información para producir escasez y asegurar su gestión privativa, 2) el refuerzo simbólico (a través de la publicidad y la propaganda) del concepto de propiedad intelectual y el sentimiento de culpabilidad asociado al acto de copiar y reproducir libremente bienes inmateriales y 3) la creación de leyes represivas y disuasorias para la implantación efectiva de un régimen de propiedad inmaterial criminalizando el intercambio cultural y la experimentación pública con los mecanismos de control del flujo informativo”.(Malina, 2006)

Quien piense que esto es un problema lejano, o de una incumbencia secundaria, puede revisar el proyecto de ley (la llamada Ley SCD) que se encuentra actualmente en el Congreso Nacional, que modificará la actual Ley de Propiedad Intelectual vigente en Chile, el que atendiendo las disposiciones sobre propiedad intelectual que impone el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, se propone no solo limitar las posibilidades de la libre circulación de conocimiento sino, además, disminuir los espacios que el dominio público ya había logrado ganar.

La hipercomunicación que nos confieren los nuevos medios opera como un poder inverso al poder del control de la información. Esa es nuestra fortaleza. Esa es la base de la conformación de un agente o actor político que sea “la conciencia” de este cerebro social, del Intelecto General. El territorio a conquistar es precisamente el de la subjetividad. La tarea central e inaplazable es la construcción de una subjetividad emancipatoria que tome para sí al conjunto de la producción científica y cultural, trascienda la dependencia de la máquina, se autonomice de ella y pueda operarla a su voluntad.

Tal como Marx lo vaticinó hace más de 160 años, hay efectivamente, procesos reales que posibilitan esta tarea.

Si el capitalismo postfordista debe copar todos los ámbitos de la vida cotidiana y transformarlos en espacio productivo, tambien debe destinar un tiempo de ocio consumista. La eficiencia productiva del modo copyleft es de tal magnitud, que se requiere destinar solo una parte de ese tiempo a la producción de conocimiento colectivo para el fortalecimiento del dominio público.

Por ello se hace necesario romper paradigmas, hacer una relectura de la sociedad e incorporarse a este nuevo frente que llamamos tecnopolítica. El llamado es para aquellos que llegaron al mundo no a ocuparse de las cosas que terminan sino de las que comienzan. El General Intellect requiere de una conciencia global, que no se logra haciendo rentable la “industria cultural” aun cuando los contenidos sean “de izquierda”.

“Un estado de consciencia surge en el cerebro biológico como la sincronización transiente de una multitud de descargas nerviosas distribuidas a lo largo de diversas cortezas cerebrales, núcleos talámicos, bucles sensomotores y somato sensoriales. La consciencia no es algo que pueda imponerse desde un módulo central. No existe tal cosa en el cerebro humano. Tampoco en el cerebro colectivo que es la red”. (Malina, op. cit.)

Nuestro desafío es encontrar las formas de participación y articulación en este nuevo sujeto político que debe emerger desde esta aun naciente consciencia global, para convertirse en expresión de los muchos en tanto mayoría y lograr, por fin, hacer del mundo el lugar que imaginemos colectivamente.

POST DE TROYANO-RESISTENCIA DIGITAL,, AGRADECIDO,, SALU2…


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