El Ángel

30 03 2009


Que el hombre no sea indigno del Ángel cuya espada
lo guarda desde que lo engendró aquel Amor

que mueve el sol y las estrellas

hasta el último día en que retumbe

el trueno de la trompeta.

Que no lo arrastre a rojos lupanares
ni a los palacios que erigió la soberbia
ni a las tabernas insensatas.

Que no se rebaje a la súplica
ni al oprobio del llanto
ni a la fabulosa esperanza
ni a las pequeñas magias del miedo
ni al simulacro del histrión;
el Otro lo mira.

Que recuerde que nunca estará solo.
En el público día o en la sombra,
el incesante espejo lo atestigua;
que no macule su cristal una lágrima.

Señor, que al cabo de mis días en la Tierra
yo no deshonre al Ángel.

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